lunes, 22 de febrero de 2016

Oponentes, no enemigos.

La semana pasada murió Antonin Scalia, el juez más conservador del ala Republicana de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos.[1] Como casi siempre que muere alguien reconocido –en este caso  reconocido al menos en el mundo de a quienes les gusta el derecho constitucional- el interés por su legado generó cientos de artículos que analizaron su paso por la Corte mas importante del país norteamericano.

A pesar de que la mayoría de estos trataban sobre las intensas discusiones alrededor de su teoría originalista de interpretación constitucional, no fueron las ya conocidas, y acertadas en mi criterio, criticas sobre su teoría las que llamaron mi atención,[2] sino que fue un capitulo de su vida que hasta el momento, para quienes sólo nos llegaban noticias de sus polémicas posiciones, había pasado inadvertido. Se trata de su cercana amistad con Ruth Bader Ginsburg, la juez más liberal, y principal contradictora de Scalia.

Irin Carmon describe la distancia ideológica entre estos personajes de la siguiente forma: “Scalia se opuso vehementemente al reconocimiento gradual de la Corte Suprema de derechos de gays y lesbianas; Ginsburg fue la primera juez en defender el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Scalia se refirió al Voting Rights Act, la ley que protege el acceso al voto para los históricamente marginados, como uno de los varios “derechos raciales” que el Congreso estaría en dificultades para terminar;[3] Ginsburg defendió la ley ferozmente”.[4]

Lo que se esperaría de dos personas tan dispares es que su abismal diferencia ideológica estuviera acompañada de una gran enemistad. Digo se esperaría porque en nuestra atmosfera política la disensión en temas como en los que este par discutían viene generalmente acompañada de insultos y  ofensas personales. Sin embargo en la historia que relato, la diferencia estaba acompañada de un profundo respeto y cariño mutuo, con anécdotas como los viajes o las celebraciones de año nuevo que realizaban juntando sus familias.[5] La Juez Ginsburg en el tributo que escribió por su fallecimiento se refiere a él como su mejor amigo, con unas conmovedoras palabras que señalan sus años de trabajo en la Corte como un continuo diálogo en medio de la oposición.[6]

¿Cómo puede ser que quienes disienten en temas tan trascendentales sean amigos? La única respuesta es que el respeto por las ideas del otro y el cariño por la persona no pueden verse opacados por fundamentalismos ideológicos, sino que por el contrario, deben permitirnos tomarnos en serio las discusiones, debatir fuertemente, y defender posiciones vehementemente, y a la vez conservar el aprecio y la admiración por quien no piensa como nosotros.

En medio de la diferencia es necesario recordar que somos oponentes, no enemigos, o como diría Ruth Bader Ginsburg “Somos diferentes, somos uno, diferentes en nuestra interpretación del texto escrito, uno en nuestra reverencia por la Constitución y la institución que servimos”.[7]

Jannluck Canosa Cantor
Estudiante de Derecho – Universidad del Rosario
Miembro del Centro de Estudios Integrales en Derecho –CEID-
@JannCanosa

Publicada en www.lavozdelderecho.com




[1] Sobre la ideología y las decisiones de Scalia ver http://www.politico.com/story/2016/02/antonin-scalia-archives-219247. Consultado el 20 de febrero de 2016 a las 1:00pm.
[2] Para una breve critica al originalísmo ver: Michael Green, Scalia vs. Dworkin, en http://carneades.pomona.edu/2010-Law/nts-0303.shtml. Consultado el 20 de febrero de 2016 a las 1:00pm.
[3] Scalia creía que el Voting Rights Act generaba una preferencia racial a favor de los negros, y no protegía el derecho a votar de los blancos. Ver Spencer Overton, Justice Scalia's Latest 'Racial Entitlement' Remark, en
http://www.huffingtonpost.com/spencer-overton/justice-scalias-latest-ra_b_3103845.html. Consultado el 20 de febrero de 2016 a las 1:00pm.
[4] Irin Carmon, What made the friendship between Scalia and Ginsburg work, en https://www.washingtonpost.com/posteverything/wp/2016/02/13/what-made-scalia-and-ginsburgs-friendship-work/?tid=sm_tw . Consultado el 20 de febrero de 2015 a las 1:00pm. Traducción libre.
[5] Ibid
[6]Dara Lind. Read Justice Ginsburg’s moving tribute to her “best buddy” Justice Scalia. en http://www.vox.com/2016/2/14/10990156/scalia-ginsburg-friends. Consultado el 20 de febrero de 2016 a las 2:00pm.
[7] Ibid.

lunes, 8 de febrero de 2016

LA BAJA DEL PETRÓLEO EN LA ECONOMÍA COLOMBIANA

Para nadie es un secreto que la baja en los precios del petróleo ha afectado de manera si se quiere significativa a las grandes empresas productoras de Petróleo, y también a los grandes países productores de petróleo, pues sus presupuestos nacionales se nutren, en su mayoría, de la exportación de este hidrocarburo.

Por otra parte, muchos pensarían que Colombia, al no ser un gran país productor de petróleo, en poco o nada, se ve perjudicado por estos cambios drásticos en el valor de este producto. Y no hay nada más falso, Colombia se ve afectada no sólo por estar inmersa en el sistema capitalista de mercado, sino también por las alzas en el precio del dólar[1], por las bajas en las regalías que recibe la nación[2] (gran parte proveniente de los hidrocarburos), por los recortes de personal e infraestructura que hacen las pocas empresas que extraen petróleo de nuestro país, y por la escasa e ineficiente regulación que existe en Colombia respecto al tema energético y de hidrocarburos.

Se puede decir que Colombia no ha sido un país que se caracterice por ser pionero en desarrollar marcos normativos acerca de algún tema, ni tampoco por ser de los países que prevé cambios económicos, políticos y sociales que puedan llegar a afectar la regulación y volverla inane; pero de esas circunstancias, que sin duda son penosas, a no desarrollar ninguna regulación[3] desde Julio de 2014 (época en que se empieza a visualizar las bajas en el precio del petróleo) hasta la fecha, es una situación que da pesar y vergüenza.

El gobierno colombiano ha tratado como ha podido, estos últimos años, de sobrevivir a los cambios económicos que se han producido, se puede decir que ha aguantado, y para muchos puede ser muy meritorio que Colombia haya podido tomar escasas medidas y evitar que el sistema económico sufra “grandes cambios”.

Pero no, NO ES SUFICIENTE. En materia energética y de hidrocarburos nuestro país siempre ha tenido una legislación modesta, regular lo necesario. Es así como, la regulación de la propiedad sobre el subsuelo, minas, metales, etc., fue una codicia del Gobierno más que una necesidad o una visualización de buen uso de recursos. Los desarrollos legislativos de contratos de concesión, arrendamiento, permisos mineros, asociación, entre otros., han sido necesidades impuestas por la economía y el tiempo; y aún más importante, no se puede olvidar que el último código minero de Colombia data del año 2001, reformado por la ley 1382 de 2010.

¿Y ahora? Después de chapalear y chapalear, dando pequeños saltos en la regulación ¿qué sigue? Las primeras luces se dieron en el año 2014, con la reforma tributaria, que era necesaria sin duda, pero que generó rebotes en todo el mundo por las enormes cargas tributarias; algunas otras medidas se han anunciado en los últimos meses, todas tendientes a lograr subir el valor de los impuestos actuales e introducir otros nuevos, siendo esta situación la regulada en la reforma estructural que empieza a tramitarse. Y a pesar de las inconformidades que se puedan generar, es importante recordar que esas son las medidas meritorias del Gobierno para no dejar hundir este barco.

Colombia tiene un desfase[4] de $ 5,43 billones en el presupuesto del sistema general de regalías para este año, según cifras de la Contraloría General de la Nación; y gracias a Dios no es más.  Además de ello, la quinta parte de los ingresos fiscales de la Nación provienen de este sector de hidrocarburos, sin mencionar las inversiones extranjeras que se hacen en la industria petrolera.

Bajo esta panorámica, no es muy alentadora la situación de que afronta el país, sobre todo si tenemos en cuenta que muchos tributos de los que están hoy en día son transitorios (algunos a nivel nacional otros a nivel departamental), es decir, sólo funcionarán por un margen de tiempo (al menos si no los prorrogan o vuelven permanentes).

En este punto, con todos los temerosos avances que se han hecho para regular la baja del petróleo y en general la difícil situación económica que afronta y afrontará en mayor medida Colombia en unos años, creo que es menester que se desarrolle una regulación completa y suficiente. Si bien es cierto que, este sector y estas circunstancias económicas asociadas al mismo no son el único factor que desestabilizan la economía colombiana, si se puede asegurar que es un sector que genera grandes impactos en la misma y que ha sido sumamente mal regulado.

Por ello, abogo por una legislación que atienda a las contingencias del hoy por hoy, pero que no olvide prever las posibles dificultades de este sector tan cambiante, como es el energético y de hidrocarburos.


NANCY ALEJANDRA VERA GUZMÁN
Miembro del Centro de Estudios Integrales en Derecho –CEID-
@nancyalejandrav







[1] No es objeto de este escrito explicar las razones económicas por las cuales sube el dólar, pero para hacer un marco breve se puede decir que el dólar es un factor inversamente proporcional al petróleo, esto quiere decirque cuando uno sube el otro baja y viceversa. Esto se explica entre otra razones, porque gran cantidad de moneda dólar empieza a circular en el mercado por las inversiones que se realizan, y por las exportaciones que realiza un país determinado, en este caso Colombia.
[3] En este punto, me refiero a un marco normativo completo y suficiente que atienda a las necesidades de regulación energética y de hidrocarburos que necesita Colombia, no ha regulaciones pasajeras y reformas tributarias.

lunes, 25 de enero de 2016

Del IVA y otros demonios

La semana pasada la Comisión de expertos designada por el Gobierno Nacional para el diseño de una nueva reforma tributaria presentó su informe final. Una vez la opinión pública conoció el documento, la polémica no se hizo esperar. Entre las múltiples propuestas que contiene el documento, quizás la que goza de mayor rechazo en los diversos sectores es el aumento del Impuesto sobre las Ventas (IVA).

El IVA es un impuesto de carácter nacional, administrado por la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN). Los hechos que dan lugar al cobro del tributo se concretan en básicamente tres: en primer lugar, la venta de bienes muebles; en segundo lugar, la prestación de servicios en el territorio nacional; y, por último, la importación de bienes muebles.

Es indudable que hay un déficit fiscal en Colombia, que no han podido solucionar las últimas modificaciones en el régimen tributario. Las reformas tributarias se han preocupado por el recaudo de recursos a corto plazo, sin pensar en cambios de fondo que permitan al país contar con un régimen robusto que garantice los principios constitucionales de equidad, justicia y progresividad y, adicionalmente, brinde la suficiente estabilidad a las finanzas públicas.
 
El alza en el IVA pudiera parecer una solución positiva en términos de recaudo. Sin embargo, adolece del más mínimo respeto por el principio constitucional de equidad. La equidad tiene dos concepciones: una vertical y otra horizontal. Desde la primera perspectiva, a mayor capacidad de pago, mayor carga tributaria; cuando existe equidad vertical se habla de progresividad. Mientras que, en la equidad horizontal, quienes tengan similares capacidades de pago deben contribuir en semejantes condiciones.


El IVA es un impuesto indirecto, esta tipología de tributo constituye el ejemplo cumbre de los impuestos no progresivos o, dicho en otras palabras, regresivos. Ello se explica por cuanto los impuestos indirectos no consultan la capacidad de pago de las personas. Para efectos prácticos, al fisco no le interesa cuantos ingresos percibe el obligado al pago del tributo, pues existe una tarifa predeterminada que se aplica sobre el valor de la operación y que no considera condiciones económicas particulares.

Empero, esto no significa que, per se, el impuesto sea contrario a la Constitución, pues tal como lo ha expresado la Corte Constitucional[1], los componentes axiológicos del régimen tributario se predican del sistema en general. Ello no quiere decir que el alza en la tarifa del impuesto no sea contraria a la equidad vertical, pues como quiera que se pretenden gravar bienes de uso básico y, adicionalmente, se trata de un impuesto indirecto, los perjudicados serán quienes perciben menores ingresos en el país, que son la mayoría de ciudadanos. En países como Ecuador la tarifa es inferior a la que en la actualidad rige en Colombia, (12%) y el recaudo ha resultado mucho más exitoso, siendo una de las fuentes de recursos más importantes en el país vecino.

Así las cosas, el problema puede no ser de tarifa sino de recaudo, de eficiencia en la administración y ausencia de cultura tributaria. Es importante la revisión de este último aspecto si el Estado colombiano quiere contar con un verdadero sistema tributario, y no un simple régimen. Sin embargo, parece inevitable que el aumento en la tarifa del IVA sea el sapo que tenga que tragar el pueblo colombiano, eso sí: luego de refrendado el acuerdo de paz a través del plebiscito, pues el gobierno Santos anunció que durante este año no aumentará las tarifas, excelente estrategia política, considerando que un alza en los impuestos sería un golpe directo a la bandera del presidente: la paz.



Diego Alejandro Hernández Rivera
Twitter: @Diegoooh94
Miembro del Centro de Estudios Integrales en Derecho



[1] Corte Constitucional. Sentencia C-913/11. M.P. Gabriel Eduardo Mendoza Martelo

miércoles, 20 de enero de 2016

Entre el feminismo y otras cuestiones.

Uno de los valores fundamentales de la Constitución Política de Colombia, contenido en el artículo 13, es el derecho a la igualdad. Así, “todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica”.

Sin embargo, el artículo 13 constitucional necesita una nueva interpretación y sentido, acorde con la realidad de las mujeres y reconociendo sus diferencias frente al sexo masculino.Pero ¿Por qué es necesaria esta nueva visión? Porque en cierto sentido, hombres y mujeres claramente NO somos iguales y no llegaremos a serlo. El origen de estas diferencias proviene de características biológicas que definen los dos sexos; y elementos culturales o concepciones sobre el papel de hombres y mujeres en sociedad, que se conoce como género. 

Una diferencia biológica que marca la distinción entre ambos, es la posibilidad de las mujeres de ser madres. Como lo expone Robin West[1], y de acuerdo al feminismo cultural, la mujer que tiene esta experiencia vive un "sentido de conexión” existencial con otra vida humana que los hombres no tienen. Esta conexión marca la manera de aprender, la visión estética, el desarrollo moral, la posición y visión del mundo, diferente al de los hombres. Fromm reconoce que la madre vive una unión simbiótica con su hijo en su vientre, además de forjar la mayor parte de su personalidad y experiencia frente a la vida. De hecho, relata que entre los adultos puede distinguirse quiénes fueron cuidados con “amor y optimismo frente a la existencia” de quiénes no lo fueron. [2]

En este punto es necesario advertir, para no caer en una falacia de generalización, que no todas las mujeres son madres, contexto en el cual, “el sentido de conexión”, puede no ser tan intenso y la interpretación de la igualdad sea diferente. 

Pero partiendo del primer supuesto, la mujer embarazada, merece reconocimiento de su labor, debido a que será ella quién forje los cimientos de una persona, quién protagonizará el futuro. Esta singularidad de la mujer, debe ser aquello por lo cual luchará el feminismo y lo cual necesita ser entendido y valorado para construir un nuevo paradigma sobre la igualdad. El valor del embarazo de la mujer, fue una idea acogida por el feminismo francés, pero atacada por el feminismo norteamericano, con el afán de lograr mayor igualdad a nivel legal. 

De igual forma el feminismo radical, encuentra la experiencia de la concepción invasiva. Frente a esta posición, se presentan diversos puntos a considerar: primero, no todas las mujeres perciben la experiencia del embarazo como trágica y perturbadora; y segundo, resultaría una experiencia invasiva cuando el embarazo sea no deseado. Este escenario, resulta doloroso tanto para madre e hijo, pero es más difícil de manejar para las mujeres adolescentes o en condiciones de pobreza y analfabetismo. En razón a que la persona que nace, lo hace desprovista de los elementos necesarios para su subsistencia, por la falta de dinero, lo cual probablemente conducirá a repetir el pasado de su madre, desprovisto de educación, siendo padre joven, o en otros casos, convirtiéndose en drogadicto o delincuente, situación que empeora aún más porque el hijo no deseado, ha crecido carente de un fundamental ingrediente para la felicidad, el amor de sus padres.(Fromm).

Esta realidad se convierte en un circulo, que fomenta mayor pobreza, desigualdad y problemas sociales, por ello, la cultura anticonceptiva para todas las mujeres, debería ser un punto prioritario en las agendas de los gobiernos a nivel departamental, municipal y local y punto clave que la lucha feminista, debería retomar y reforzar, desde sus inicios en los años 70. 

La libertad para elegir, si ser madre o no, es un presupuesto, para que la mujer sea realmente autónoma. Porque le permite tomar el control sobre su propio cuerpo, sobre las decisiones que afectan directamente en su integridad. En palabras de Adrienne Rich: “Estamos imaginando un futuro en que las mujeres somos poderosas, y estemos llenas de nuestro propio poder, del poder para crear, del poder para pensar, del poder para articular y del poder para transformar nuestras vidas y la de nuestros hijos… Este poder comenzará a hablar en nosotras más y más en la medida en que volvamos a tomar posesión de nuestros propios cuerpos”[3].

La posibilidad de elegir, sólo será posible si además, se recibe educación y orientación que le permitan a la mujer, decidir que camino desea para su vida. La igualdad, entonces, debe contener diversos ingredientes, partir su singularidad, y por su parte el feminismo: reconocer el valor de la labor de las madres, luchando por lograr reivindicación en el campo de la educación formal y preparación especial para afrontar esta tarea crucial para las sociedades. Lo anterior permite que la mujer sea realmente autónoma, la educación genera conciencia y libertad de decisión. 

Las críticas de algunos sectores feministas más radicales, se resumen ha afirmar que la mujer ha sido relegada del dominio del espacio público, de la vida política, social y legal, siendo su campo de acción reducido a la esfera privada, mientras que el hombre ha sido el protagonista de estos sectores, lo anterior, es una premisa que se basa en la idea de exclusión, mientras que sería más provechoso reforzar aquello propuesto por el feminismo cultural, que en lugar de fomentar exclusión a partir de las diferencias, intenta reconciliarlas y unirlas en un ideal de conexión. 

Feminismo podría identificarse entonces, con estas premisas: libertad de decisión en relación con la autodeterminación, educación prioritaria a la mujer en todas sus condiciones, valor de la maternidad, singularidad en lugar de diferencias radicales y conexión en lugar de exclusión. 

Feminismo e igualdad, partiendo de la condición de ser mujer, que no sólo cobije a la mujer con la posibilidad de educarse, sino a la mujer campesina, mujer cabeza de familia, mujer afro descendiente, mujer menor de edad, mujer anciana, mujer en estado de embarazo, mujer guerrillera, mujer víctima de abuso o violencia, entre otros tantos que es posible que se escape mencionar. 





Diana Sofía Jaramillo Gálvez
Estudiante de Jurisprudencia – Universidad del Rosario
Miembro del Centro de Estudios Integrales en Derecho 
Pasante Misión permanente de Colombia ante la ONU- Nueva York
Twitter: @Dsofi1990 
























[1] West, R. (1996). Género y teoría del Derecho. Bogotá: Siglo del hombre editores. p. 101 


[2] Fromm, E. (1959). El arte de amar, traducción de Noemi Rosenblant. Barcelona: Paidos. p .55 


[3] Rich, A. (1979). On lies, Secrets, and silence. p. 271- 272. Disponible en el siguiente enlace: www.norton&co.com

lunes, 21 de diciembre de 2015

¿Hablamos de migrantes o refugiados ? … ¿ será atrevido reconocernos simplemente como seres humanos ?


La migración es un fenómeno que históricamente ha sido ocasionado por diversas causas. La idea misma de fronteras y zonas limítrofes hace incluso de muchos de nosotros expectantes y aventureros, ocasionalmente migrantes. Antes de empezar, nos corresponde dejar en claro la diferencia que existe entre un migrante y un refugiado. Según la Organización Internacional de Migración (OIM) a nivel internacional no hay una definición universalmente aceptada del término “migrante.” Este término abarca usualmente todos los casos en los que la decisión de migrar es tomada libremente por la persona, concernida por “razones de conveniencia personal” y sin intervención de factores externos que le obliguen a ello. Por otro lado, un refugiado, de acuerdo con la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados, es una persona que "debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de su país; o que careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores no quiera regresar a él"(…) .

Dejando en claro las diferencias entre estos dos términos procedemos a demostrar como ellos son sujeto de pervertibilidad en el discurso político y sus implicaciones en nuestra realidad actual. Así pues, en una primera parte intentaremos una aproximación al problema de la ausencia de derechos que son materialmente otorgados a los refugiados y en una segunda intentaremos esbozar algunos de los inconvenientes que restringen por parte de las naciones el reconocimiento de derechos.

Según el articulo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos “toda persona tiene derecho de salir de cualquier país, incluso del propio”. Guardando coherencia con lo anterior, según la Convención para el Estatuto de los Refugiados de las Naciones Unidas “no habrá sanción por ingreso ilegal”. No obstante la existencia de estos derechos, muchos críticos han llegado a concluir que aunque se tenga derecho a salir de cualquier país, en nuestro mundo actual, esto no tiene otra consecuencia que no se refleje en el llamado “derecho legitimo a permanecer en orbita”. Esto lo que quiere decir es que los refugiados y los migrantes materialmente solo llegan a tener la posibilidad de permanecer en un espacio en medio de la nada, cual astronauta sin llegar jamás a alunizar, porque no se es bienvenido en ninguna parte y por el contrario, se es condenado al vacío con indolencia y despreocupación.

Según cifras publicadas por Le Monde más de 2000 hombres, mujeres y niños han fallecido en la frontera en lo que lleva corrido el año 2015. Según la Organización Internacional de Migrantes el Mar mediterráneo ha merecido bien su sobrenombre como Cementerio de Migrantes, quienes proceden especialmente de Siria, Libia, Sudán y Afganistán. Aquí es importante hacer una breve mención de lo que seria el Plan Tritón, que en oposición a Mare Nostrum desde noviembre de 2014 ha pretendido una intervención integrada de la Unión Europea en lo que atañe al tema limítrofe. En principio su control no excede jamás las 30 millas desde los territorios y según abiertas declaraciones el foco de dicho plan “es el control fronterizo y no el salvamiento de vidas”. ¿Qué podemos esperar, si públicamente se declaran los fines de un plan que no tiene ni siquiera dejos de un proyecto humanitario?, las conclusiones las dejamos al lector. La melancolía de la que hablaba el escritor checo Milan Kundera en su obra La Ignorancia, en la que ésta se convierte en un letargo que nos aleja de cualquier recuerdo de la tierra amada y nos condena a vivir con la ansiedad y la preocupación constante por su destino, parece solo el menor de los males en la cadena de infortunios que deben padecer los refugiados, huyendo de las garras de la miseria y de la guerra parecen atravesar el mediterráneo solo para naufragar en los navíos de la arrogancia humana y la que ha sido también llamada una globalización selectiva.

Ahora bien, si es profundamente criticable el uso caprichoso y celoso de los Estados para categorizar a quienes su suelo pisan en refugiados, migrantes o incluso asilados, tergiversando el espíritu y la realidad de estos conceptos, no podemos desconocer que la situación, esta lejos de ser un problema menor para los Estados y los Gobiernos, quienes también de forma legitima y en ejercicio del articulo 2 de la Carta de Naciones unidas deciden soberanamente a quiénes y en qué condiciones van a abrir sus puertas. Según la Oficina Europea de apoyo, en materia de asilo la cifra de solicitud de asilo asciende a un 68% durante los primeros 5 meses del 2015, lo que hace la situación compleja para la propia Unión. En Francia por ejemplo alrededor del 68% de la población se inclina por una política de repartición de cuotas de migrantes a lo largo de la Unión Europea, así como también hay un relativo consenso a cerca de la intervención militar en suelo Sirio contra Dáesh. El economista Branko Mianovic ha dicho que la brecha económica destruye y según  el Fondo monetario Internacional (FMI), la desigualdad social frena el crecimiento  (…) es una plaga que carcome países y destruye sociedades, ¿qué hacer con la desigualdad? En realidad este es un asunto que debería generar consciencia global, no solo en la Unión Europea. Otro tema a analizar seria la responsabilidad histórica, sin embargo, ese tema dista de la pequeña aproximación que este escrito sucinto pretende dar al lector.

Según Levi Strauss ¿cuál es, entonces, el error en el que con tanta frecuencia incurre nuestra cultura? “a fuerza de observar desde adentro las situaciones de nuestra sociedad, esta pierde de vista el hombre y olvida que la realidad que la constituye es pluridimensional”. Así pues, nuestro gran error, está en no reconocer y abrazar la pluridimensionalidad de las culturas, llevándolo a otras instancias; es ese gran error humano lo que nos hace querer tener fronteras, elevar cercas o pretender incluso la edificación de murallas.

Entonces vale la pena preguntarse si este problema internacional nos hace ver a las víctimas como migrantes o refugiados PERO todavía mas importante seria indagar en nuestra propia consciencia y descubrir si somos capaces de ver a las víctimas como SERES HUMANOS, dignos de respeto y merecedores de nuestra empatía ante su difícil situación.



Mónica Andrea Avella Herrea
Miembro del Centro de Estudios Integrales en Derecho (CEID)
FB: monisahfilo@hotmail.com
Estudiante Universidad del Rosario
Estudiante Université Paris 1- Panthéon Sorbonne.