lunes, 28 de septiembre de 2015

ENFERMEDAD HOLANDESA Y DEPRESIÓN ECONÓMICA OTRA PÉSIMA PELÍCULA.

En muchos países del globo  el boom de recursos minero energéticos  ha degenerado en el conocido fenómeno de la enfermedad Holandesa. Sus causas y consecuencias son repetitivas y si no se actúa a tiempo, es como quedar enganchado por milésima vez con una pésima película de Caracol o RCN. De hecho, La enfermedad Holandesa es muy fácil de entender, pero al parecer a nuestros ministros de hacienda de los últimos 15 años les encanta repetir malas películas.

Todo empieza siempre,  por enormes demandas internacionales de recursos primarios  y escasez de oferta, lo que causa el aumento de sus precios. Seguidamente, países ricos en materias primas “aprovechan” y volcán todo su aparato productivo y esfuerzos en la explotación  de estos recursos. La extracción  masiva de petróleo oro o níquel, por ejemplo,  inunda al país de dólares lo cual  hace que el precio de la divisa caiga y a su vez, el precio de la moneda local se revalúa, ya que son necesarios menos pesos para comprar cada dólar. La revaluación de la moneda local afecta profundamente otro tipo de exportaciones distintas a las del sector en auge, debido a que  por los productos que se venden en dólares en el exterior se recibe menos de la moneda local. Adicionalmente, la revaluación hace que los productos importados sean mucho más baratos en el mercado interno.

La afectación a la producción nacional provocada por la revaluación debe contrarrestarse de inmediato. Esto quiere decir que las ganancias producidas por el sector en auge deben destinarse al fortalecimiento de las actividades en peligro, para hacerlas competitivas frente a las importadas. Además, se debe procurar una diversificación del aparato productivo  para depender en menor medida de la explotación intensiva de recursos primarios que, como la minería, producen impactos irreversibles en el medio ambiente, enrolan muy poco trabajo calificado, generan profundos conflictos sociales; y cuyos precios internacionales  son peligrosamente volátiles.

Esta es la sinopsis  de lo que pasa  en estas malas películas, siempre predecibles. Aunque en Colombia no es nuevo el fenómeno de la enfermedad Holandesa, durante los últimos 15 años de auge minero energético se ha seguido con precisión la fórmula del desastre.

Pues bien, todo empieza con el aumento vertiginoso en la demanda de materias primas  de las economías emergentes encabezadas por la China e India. Entre los años 2002 y 2012 la demanda de China por petróleo subió el 98%, la del carbón 147% y la de los metales 329%, entre tanto la de la India subió el 53%, el 93% y el 137% respectivamente, la súper demanda provocó el aumento de los precios de estos productos. Colombia quiso entonces “aprovechar” y enfocó todos sus esfuerzos en la locomotora minero energética, como la película nunca cambia, la entrada descontrolada de divisas produjo  que la moneda se apreciara y junto con la desregulación económica imperante desde los 90 se afectó gravemente la producción nacional.

Es el preciso momento en el que la industria textil, marroquinera,  ensambladora y  el sector agrícola están esperando los impulsos del gobierno para poder competir, cuando llegan atropellos como la  practica gubernamental según la cual “ la mejor política industrial es no tener política industrial” e infamias como agro ingreso seguro en el 2008 y las deprimentes obras inacabadas del cruce de la cordillera central o túnel de la línea, cuyo objetivo era facilitar la ruta entre Bogotá, Cali y el puerto de Buenaventura. Estos son los incentivos  con los  cual se firmaron múltiples tratados de libre comercio con potencias industriales y agropecuarias como Canadá (Suscrito en el en el 2008, en vigor desde agosto de 2011),  Estados Unidos (suscrito en el 2006, en vigor desde mayo del 2012),  la Unión Europea y Corea.  

No se fortalece en todos esos años otros sectores económicos  y  se abren  las puertas de la casa con nuestros productores en bola. El resultado es arrasador a tal extremo que la industria perdió 3 puntos porcentuales de participación en el PIB entre 2002 y 2014, pasando del 14% al 11% y la agricultura del 14% al 6.7% para el mismo periodo[1]. A modo de ejemplo, Amylkar  Acosta cita  los casos de  dos empresas emblemáticas de la de la industria de la confección, Arturo Calle y Hernando Trujillo. A la primera le toco pasar de ser uno de los confeccionistas más reputados del país a ser simplemente comercializador de prendas de vestir que importa. Por su parte, Don Hernando decidió cerrar sus tiendas en el país, antes de quebrarse,  porque no resistió la avalancha de las importaciones.

Como resultado, el petróleo, el oro y el ferroníquel constituyen el 70% de la canasta exportadora, y es aquí cuando le digo al señor ministro ¿para qué se repite esa película? si ya la vio en Holanda, en Brasil, en Katanga, en Angola, en Sierra Leona y  el final siempre  es malísimo.  En esta parte de la historia los precios se desploman,  el barril de petróleo toca los $30 este año, los precios del carbón caen el 51% entre el 2010 y el 2014  y tanto el oro como el ferroníquel  caen un 36%. La inversión extranjera neta cae el 47% en el primer semestre de este año y se calcula que entre el año pasado y este la renta petrolera tendrá una disminución que ronda los $10 billones.

“Advertidos estábamos” titula Amylkar Acosta esta escena de la película, en la que agarran a los protagonistas con los calzones abajo, sin la infraestructura ni el aparato productivo adecuado para afrontar los retos planteados por la liberación del comercio y la dependencia de los precios del petróleo,  pues Alicia Bárcenas, secretaria ejecutiva de la CEPAL, ya lo había pronosticado: “Nos convertimos en exportadores de materias primas, volvimos a esquemas que creíamos superados (…) Nos estamos asociando con China, que será la primera economía del mundo en el 2016, con un modelo en que vendemos materia prima e importamos manufacturas. Así nos será muy difícil dar sostenibilidad a nuestro crecimiento”[2].

Personalmente titulo “país de mierda” la escena final de la película en la que miles de protagonistas carecen de un empleo digno en la industria, en el campo, en la ciencia. Cuando veo una y otra vez  escenas de empresas nacionales  quebradas y despidos masivos, los innumerables conflictos  sociales y ambientales  que la locomotora minero energética ha generado, la reproducción incesante  de las mismas políticas que nos han traído a este punto y para rematar, el premio que la revista internacional Euromoney le otorgó a uno de los directores de esta pésima película como ministro de finanzas del año 2015.


Laura Daniela González
Miembro del Centro de Estudios Integrales en Derecho




[1] Hacia una nueva política industrial, Amylkar D. Acosta pg. 7
[2] El Tiempo. Enero, 29 de 2012. En  hacia una nueva política industrial, Amylkar D. Acosta pg. 5

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